La madera se ha usado como revestimiento de suelo desde tiempos inmemoriales. Los orígenes de la utilización de pavimentos de madera en la historia se remontan aproximadamente al año 1250 en Europa Central.

Hasta el siglo 15 eran habituales los suelos sencillos de tabla de madera blanda en la construcción de viviendas de clases sociales elevadas como por ejemplo en castillos etc.

Por lo tanto, el parquet ha dejado su huella en la historia mundial y ha sobrevivido todas las corrientes y modas con brillantez y es, hasta hoy en día, indispensable como revestimiento de suelos, así como elegante e intemporal.

Hasta mediados del siglo XIX, el parquet se produjo casi exclusivamente como tablas terminadas de manera artesanal, después se dio un paso determinante en la producción del parquet. Las tablas se desmontaron en piezas individuales y de esta forma se instalaron en la obra.

A partir de este momento se habla del parquet de palillos y es, hasta la actualidad, un concepto importante en la rama del parquet tradicional.

Gracias al invento de la máquina de vapor, el parquet se fabricó industrialmente en tablillas individuales. Más tarde vino su normalización. A partir de este momento se instaló el parquet in situ en la obra y se realizó el tratamiento de la capa superior.

Durante varias décadas se acuchillaba el parquet de manera artesanal y se enceraba o se aceitaba. Las cuchillas se componían de acero especialmente duro de punta curva de 1-2 mm, la cual por así decirlo pelaba la madera.

Desde aproximadamente hace 50 años, este trabajo se lleva a cabo mediante máquinas de lijar y el parquet se barniza preferentemente. Mientras que desde hace unos años, la antigua tradición de aceitar el parquet se ha puesto de moda con productos modernos.